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domingo, 12 de septiembre de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (10)

Abeja recogiendo polen.Image via Wikipedia
 CAPÍTULO 5 (c)
EL POLEN CUENTA SU HISTORIA

(Continuación de: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-9.html)


Previamente mencioné que junto a los sedimentos finos depositados en el fondo de lagos y lagunas, se acumulaban los granos de polen de la vegetación circundante al cuerpo de agua en cuestión. Es interesante volver sobre ese tema. Los granos de polen, esos microscópicos o casi microscópicos corpúsculos que generalmente son imaginados tan delicados como sutiles, tienen extraordinaria resistencia a los ataques químicos.
El polen está formado por compuestos orgánicos de elevada complejidad química y puede resistir ataques tan intensos como, por ejemplo, el ser hervido en ácido fluorhídrico, un ácido tan enérgico que puede corroer el vidrio. Los granos de polen sólo pueden ser destruidos en ambientes alcalinos, o en ambientes oxidantes.
La gran resistencia al ataque químico ácido permite que los granos de polen puedan conservarse en sedimentos favorables a lo largo de decenas y aún centenares de millones de años. Esa gran resistencia en sí misma no sería tan importante para quienes trabajamos en el reconocimiento del clima y de los ambientes del pasado, si no fuese porque los granos de polen para los vegetales vienen a ser algo así como las impresiones digitales para los seres humanos: cada especie vegetal tiene un grano de polen de formas exclusivas.
El polen puede ser transportado por el viento lejos de sus flores de origen y la gran mayoría de sus granos se depositan sobre el suelo o sobre el agua de lagos y de lagunas. Una parte de los primeros puede ser arrastrada por el agua de lluvia hacia cauces y depresiones y finalmente se deposita junto a los segundos, como parte de los sedimentos del fondo lacustre.
El palinólogo es el especialista que se dedica a estudiar el polen. Con técnicas muy especiales, aísla los granos de polen presentes en los distintos estratos sedimentarios depositados en el fondo de lagos y lagunas, e identifica sus formas. Así determina a que especies vegetales corresponden esos granos.
Con metodologías estadísticas adecuadas, además puede determinar con aproximación la cantidad relativa de individuos de cada especie vegetal que existieron en una región. De ese modo puede llegar a reconstruir un bosquejo aproximado de las asociaciones vegetales que existieron en la región involucrada durante el momento en que se depositaron los sedimentos que constituyen cada estrato sedimentario. Así se obtiene una idea muy aproximada de cómo era el clima de la región de influencia.
De todos modos no es tan sencillo el análisis y las reconstrucciones paleoambientales y paleoclimáticas para cada momento del pasado, hechas en base al contenido de polen de cada estrato sedimentario. Por ser tan liviano, el polen puede ser transportado por el viento a distancias muy grandes, hasta miles de kilómetros de las flores de origen.
   Eso puede producir contaminación de un lugar por granos de polen 'viajeros' que nada tienen que ver con las condiciones climáticas y ambientales de ese lugar. Por ejemplo, se da el caso de hallar granos de polen de especies vegetales de los Andes Patagónicos en sedimentos de la llanura bonaerense. Esto se debe a que en el momento en que se depositaron los sedimentos portadores de esos granos de polen, existieron vientos favorables como para transportar el polen desde esos árboles cordilleranos hasta las llanuras del este.
Asimismo hay especies vegetales cuyas flores producen mucha mayor cantidad de polen que otras. Este hecho es importante de considerar en el momento de contar cuántos granos de polen de cada especie vegetal hay en las muestras tomadas en cada nivel de sedimentos. Luego y con metodologías estadísticas adecuadas, el palinólogo puede determinar con aproximación la cantidad relativa de individuos de cada especie vegetal que pudieran haber existido en una región.

En suma y pese a las dificultades que los palinólogos encuentran en su tarea, el análisis de polen es una buena herramienta para inferir las características de los ambientes del momento representado en cada nivel o estrato sedimentario. (Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2016/08/que-pasara-con-el-clima-11.html)
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(1) Es muy sutil definir la diferencia, si es que la hay, entre un lago y una laguna. Yo desarrollé la siguiente definición para mis clases de Geomorfología en la Univ. Nacional de San Luis: "Un lago es un cuerpo de agua que ocupa una depresión mediterránea (interior a un continente y aislada del océano), tan extensa, profunda o estable, como para desarrollar cualquiera de los siguientes rasgos: a) Perfil típico, con plataforma sumergida, taludes y planicies profundas. b) Morfología circundante típica, vinculada particularnente a su evolución (existencia de terrazas, crestas de playa, espigas, etc.). c) Ciclo termal anual bien definido (termoclina). d) Sedimentos típicos relacionados con los rasgos geológicos y climáticos de la cuenca. e) Diferenciaciones ecológicas entre sus zonas litorales, respecto a sus zonas profundas."

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jueves, 26 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (9)

Laguna y flamencos
CAPÍTULO 5b
EL "PULSO" DE LAS LAGUNAS
(Continuación de: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-8.html)
Tanto desde el punto de vista geológico en general, como desde el punto de vista biológico en particular, las lagunas cumplen ciclos evolutivos pasando por distintas etapas con características ecológicas propias. Esas etapas ocurren en estrecha relación con la evolución del clima. Esos ciclos sólo terminan cuando la depresión que contiene a la laguna desaparece, generalmente por haberse colmado de sedimentos inorgánicos y orgánicos. Las distintas etapas de cada ciclo pueden repetirse en una misma laguna, al sucederse episodios climáticos y ambientales similares durante su existencia. De ese modo, las lagunas “pulsan” casi como un ser viviente.
Durante episodios con suficientes precipitaciones, el agua precipitada sobre una región fluye hacia los lugares más bajos del paisaje. Este fluir del agua arrastra consigo los sedimentos más finos del terreno por el cual escurre; sedimentos tales como arcillas y limos. También puede disolver las sales presentes en el suelo, llevándolas hacia las depresiones junto con aquellos sedimentos. Cuando el agua detiene su marcha en esos bajos, las partículas de arcilla y de limo se depositan en el fondo, mientras tanto las sales pueden permanecer disueltas en el agua.
En esos momentos la actividad biológica en las lagunas, suele ser muy importante. Allí pueden proliferar distintas especies de moluscos gasterópodos (caracoles) y bivalvos; aves acuáticas y, a menudo, de peces. También abundan organismos microscópicos con esqueletos mineralizados por Sílice (tal el caso de las algas unicelulares llamadas diatomeas de variadísimas formas) o por Carbonato de Calcio, como los ostrácodos (pequeños crustáceos casi microscópicos, con el cuerpo encerrado en dos pequeñísimas valvas semejantes a las de las almejas).
Abundan también algas macroscópicas que producen fructificaciones de Carbonato de Calcio, como las caroficeas y, en lugares donde la profundidad lo permite, abundan juncales y otros vegetales hidrófitos (= vegetales acuáticos). Todo ese sistema ecológico, o ecosistema, característico del episodio climático húmedo existente, evoluciona junto al clima dejando sus restos depositados en el fondo de las lagunas, junto a sedimentos inorgánicos. La presencia de sus restos, testimonia luego el tipo de clima que debió existir para permitir su desarrollo.
A lo largo de esa evolución lacustre, las arcillas se depositan en el fondo más profundo y junto a ellas se depositan los caparazones de diatomeas (llamados frústulos) y ostrácodos (denominados cónchulas). También en esas arcillas se acumulan y conservan los granos de polen de los vegetales con flores (y también las esporas de helechos y de hongos) que viven en la región adyacente, como veremos detalladamente en el punto siguiente.
Por su parte, los sedimentos de las orillas lacustres normalmente son menos finos que las arcillas depositadas en el fondo más profundo. Estos pueden ser limos y arenas y en ellos se acumulan fructificaciones de caroficeas, conchas de caracoles y otros moluscos. Allí a menudo también se depositan huesos de vertebrados tales como aves acuáticas, peces y roedores acuáticos como el coipo, o nutria criolla, junto a restos de otros tantos organismos asociados en esas comunidades acuáticas.
Cuando el clima regional se torna menos húmedo, puede llegar un momento a partir del cual el agua de lluvia sea insuficiente como para compensar las pérdidas que la evaporación produce en las lagunas. Entonces en éstas disminuye el nivel, pudiendo secarse totalmente si el clima se torna suficientemente seco. Al evaporarse el agua de una laguna durante episodios de déficit hídrico, las sales llegadas en solución durante los episodios de humedad abundante, se concentran en el agua residual. Esa paulatina concentración de sales provoca cambios biológicos. Algunos peces pueden morir. Los juncales pueden secarse, ya sea porque queden fuera del cuerpo de agua reducido, o porque la concentración de sales supere sus límites de tolerancia.
De ese modo van desapareciendo los microorganismos previamente adaptados a vivir en agua dulce. A veces son paulatinamente reemplazados por otros que toleran mejor las nuevas condiciones ambientales de la laguna, cada vez más salobres. También suele darse el caso de algunos organismos que pueden acompañar a esa concentración de sales evolucionando al mismo ritmo que ellas y lo mismo puede pasar con los moluscos. De ese modo en los nuevos sedimentos que van depositándose en las lagunas quedan “guardados” restos biológicos que testimonian la evolución experimentada por el ambiente regional.
Si la evaporación es tanta como para que el agua residual de la laguna se sature en sales, éstas formarán cristales que se depositarán en el fondo. Entonces y a modo de ejemplo extremo, si se estudian los sedimentos de una antigua laguna y se encuentra alternancia de sedimentos ricos en arcillas y otros ricos en sales, puede ya decirse que en el área de influencia de esa laguna alternaron episodios climáticos húmedos y secos. El posterior análisis detallado de los restos de microorganismos y del polen contenido en los sedimentos podrá brindar más precisión en cuanto a la magnitud de esos episodios.
Antes de pasar a otro tema, vale la pena recordar la experiencia del lago Epecuén (provincia de Buenos Aires, Argentina.) Esta experiencia es un ejemplo del criterio equivocado con el que a veces la humanidad enfrenta a la naturaleza, en lugar de comportarse como parte de la misma tratando que su accionar armonice con la dinámica de aquélla. En el oeste de la provincia de Buenos Aires (Argentina), en el encuentro de dos grandes fracturas geológicas existe una serie de lagunas conectadas entre sí. Desde hace milenios hacia estas lagunas fluye parte del agua precipitada sobre un extensa superficie provincial; incluyendo la precipitada sobre una parte importante de los faldeos meridionales de las Sierras Australes Bonaerenses, o Sierras de la Ventana (provincia de Buenos Aires, Argentina.)
También hacia allí va el agua caída en las llanuras bonaerenses circundantes. Toda esa agua fluye de una a otra laguna y finalmente llega a la depresión más baja del sistema, donde se formó el lago Epecuén. Siglo a siglo también fueron hacia allí las sales lavadas de los terrenos de esta amplia región. Un romance de agua y sales transitó hacia Epecuén por todas las lagunas “encadenadas” en el sistema y allí terminó. Las sales se quedaron, tal vez mirando como se esfumaba en vapores el agua que las había sacado de su origen durante ese romance que duró tanto como su tránsito por las pendientes.
Conocí las poblaciones de Carhué y Lago Epecuén hacia 1976, cuando el nivel del lago había comenzado a crecer lentamente. Poco tiempo después, su altura ya preocupaba a algunos pobladores. Los hoteleros de Lago Epecuén, población edificada sobre el antiguo fondo del lago cuando este se achicó durante un pasado episodio de sequías a principios del siglo 20, temían que la llegada de agua diluyera las sales del lago y alterara sus propiedades terapéuticas. Con ello verían menguada su clientela conformada principalmente por quienes llegaban para calmar sus achaques reumáticos en la laguna. Por su parte quienes extraían Sulfato de Sodio de las aguas de Epecuén, además de preocupar a los hoteleros por sacarle sales al lago, se preocupaban ellos mismos ya que la dilución del agua podría afectar la cristalización del sulfato. Mientras tanto, el resto de la población de Lago Epecuén y de la vecina Carhué apenas temía por sus viviendas.
Me faltaba más de una década de experiencia como investigador en dinámica ambiental, como para dar el énfasis necesario a los peligros que entonces representaba el agua creciente y que yo vislumbraba. Los primeros datos que ya conocía, señalaban que desde inicios de esa década, las precipitaciones eran crecientes en la Cordillera Cuyana, en la Patagonia y en la misma Llanura Pampeana. Pero faltaban datos concretos como para afirmar por cuanto tiempo más se prolongaría esa tendencia creciente de las lluvias.
Además esos datos constituían una idea poco promocionada y menos feliz, contra tantos intereses y sentimientos en juego. Por un lado pesaban los intereses técnicos y académicos de los "expertos" de ese entonces, insistiendo en que el incremento del nivel de la laguna sólo era una situación pasajera de corto plazo. Por otro lado pesaba el interés de los hoteleros en abrir año a año sus hoteles, de cualquier modo, negándose a aceptar en pensar qué podría ocurrir en el mediano y en el largo plazo.
A ello probablemente se sumaban los intereses económicos de quienes por más de diez años cobraron por la provisión y por el flete de incontables toneladas de tierra y de rocas para hacer un dique perimetral a la población, a fin de frenar el avance del lago. Y por último, pero no por ello menos importante, también estaban en juego los sentimientos de la gente más humilde, cuya única propiedad era la casita o el ranchito cerca del lago y si lo abandonaban, quizá nunca más podrían pensar en recuperar tanto sacrificio allí invertido.
Así, en mis frecuentes visitas al lugar por razones de trabajo, vi como nació y creció el dique de contención con el que se rodeó la población de Lago Epecuen para protegerla del abrazo que intentaba darle el lago. Con el crecimiento del dique, año a año crecieron mis temores. Luego me alejé de aquélla región. Me desvinculé directamente del creciente lago Epecuén, pues trasladado a vivir a Buenos Aires, comencé de lleno a desarrollar mis investigaciones sobre evolución del clima y de los ambientes del país.
Mientras tanto las lluvias siguieron su crescendo en gran parte del país. Y en aquélla carrera entre el dique y el lago, finalmente una aciaga noche de 1985 ganó este último. Como no podía ser de otro modo, porque es imposible enfrentar a la naturaleza contrariando su dinámica, sin sufrir las consecuencias (continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/09/que-pasara-con-el-clima-10.html)
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viernes, 20 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (8)

Atardecer en laguna San Máximo
CAPITULO 5a
LOS LENGUAJES DE LA NATURALEZA
(Continuación de:
http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-7.html)
A esta altura del relato viene a mi memoria el recuerdo una campaña que realicé en Marzo de 1986 a la zona de Pedro Luro, en el sur de la provincia de Buenos Aires (Argentina.) Allí obtuve valiosos datos paleoclimáticos gracias a la colaboración brindada por la Corporación de Fomento del Río Colorado (CORFO).
En Paso Alsina, próximo al paraje llamado El Sostén, está el ápice de un antiguo abanico aluvial donde suelen descontrolarse las aguas del río Colorado en épocas de grandes crecientes. Allí me llamó la atención la presencia de árboles frutales muy viejos en estado de abandono. Hasta tuve un estridente altercado con una bandada de cotorras, por la posesión de un puñado de higos semi-maduros que conquisté a medias.
En aquéllos días, el personal de CORFO se abocaba a solucionar los inconvenientes que en el sistema de riego del valle inferior, estaba ocasionando una bajante extraordinaria del río Colorado. Y allí otra vez el clima saltó a la vista en toda la magnitud de su importancia. La causa de esa bajante y de las otras que ha experimentado el río Colorado en tiempos históricos, seguramente tiene un origen climático directo o indirecto, el cual no es aún suficientemente conocido.
Para establecer cuáles son los múltiples factores que modulan los caudales de los ríos y otras manifestaciones de origen climático, se hacen comparaciones analíticas. En primer lugar, con éstas se busca simultaneidad de ocurrencia de fenómenos diversamente relacionados entre sí, mediante las cuales se puedan inferir vínculos de causa/efecto.
Por ejemplo, si se observan los caudales del río Colorado medidos a lo largo del siglo pasado, se verá que los mismos provocaron inundaciones durante crecientes llamadas extraordinarias y durante otras llamadas catastróficas. Además puede verse que éstas se sucedieron con un período medio poco menor que once años. Los caudales de otros ríos de Argentina que nacen en los Andes también presentan ciclos de aproximadamente once años para sus mayores derrames.
Ese período medio próximo a once años es muy sugestivo, puesto que los episodios de actividad solar más conocidos, que son los de las llamadas ´manchas solares´, tienen un hemi-período medio aproximado algo menor que once años. Aún no hay estudios suficientes que permitan conocer cual puede ser el vínculo entre la actividad solar y el caudal de esos ríos, si es que el mismo existe. Tampoco se conoce el nexo que pueda existir entre el clima de áreas cordilleranas y el de las llanuras argentinas.
De todos modos la comparación a priori de los caudales de esos ríos con la actividad solar, permite postular una interesante hipótesis de causa/efecto entre unos y otra. (Recuerdo acá con admiración aquélla idea de Benjamín Gould previamente comentada, cuando durante el siglo 19 intuyó un posible vínculo entre ciclos climáticos y actividad solar). Pese a la carencia de información suficiente, una primera aproximación puede surgir de la comparación de los datos existentes para la Cordillera de los Andes y para las llanuras argentinas.
Por ejemplo, durante 1913, 1914 y 1915, las lluvias fueron intensas en la provincia de Buenos Aires. Las inundaciones de 1913 fueron muy importantes y entre otras cosas, demostraron la inutilidad de los tristemente célebres canales bonaerenses, recién construidos, como lo analicé en otro trabajo(20). Durante 1914 las nevadas en la Cordillera del norte neuquino y del sur mendocino donde nace el río Colorado fueron extraordinarias y tuvieron consecuencias catastróficas. Pues con el intenso deshielo ocurrido durante la primavera siguiente, se produjo gran aporte de aguas a los ríos cordilleranos. Así, la laguna Carrilafquén de la provincia de Neuquén, formada por un derrumbe de tierras y rocas que taponó la porción inferior de un valle de la cordillera neuquina, recibió mucha agua a partir de ese deshielo. Este excedente de agua, al fluir en gran cantidad sobre el dique natural formado por el derrumbe, lo erosionó hasta romperlo. El agua de la inmensa laguna se volcó al río Colorado en una sola noche y arrasó con todo lo que encontró a su paso hasta llegar al Atlántico (...y precisamente los frutales abandonados que comenté al principio, estaban plantados en las chacras que se destruyeron y abandonaron como consecuencia de ese aluvión catastrófico.)
Lo visto indicaría para la mitad de la segunda década del siglo 20, la existencia de una simultaneidad entre las intensas precipitaciones de nieve en áreas cordilleranas y las lluvias en la llanura (provincia de Buenos Aires.) Tal simultaneidad parece confirmarse con los datos de precipitaciones ocurridas en la llanura durante la década de 1980 y con los datos de caudales derramados por los ríos cordilleranos durante el mismo lapso. En ambos casos se nota un sostenido incremento.
(Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-9.html)