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domingo, 12 de septiembre de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (10)

Abeja recogiendo polen.Image via Wikipedia
 CAPÍTULO 5 (c)
EL POLEN CUENTA SU HISTORIA

(Continuación de: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-9.html)


Previamente mencioné que junto a los sedimentos finos depositados en el fondo de lagos y lagunas, se acumulaban los granos de polen de la vegetación circundante al cuerpo de agua en cuestión. Es interesante volver sobre ese tema. Los granos de polen, esos microscópicos o casi microscópicos corpúsculos que generalmente son imaginados tan delicados como sutiles, tienen extraordinaria resistencia a los ataques químicos.
El polen está formado por compuestos orgánicos de elevada complejidad química y puede resistir ataques tan intensos como, por ejemplo, el ser hervido en ácido fluorhídrico, un ácido tan enérgico que puede corroer el vidrio. Los granos de polen sólo pueden ser destruidos en ambientes alcalinos, o en ambientes oxidantes.
La gran resistencia al ataque químico ácido permite que los granos de polen puedan conservarse en sedimentos favorables a lo largo de decenas y aún centenares de millones de años. Esa gran resistencia en sí misma no sería tan importante para quienes trabajamos en el reconocimiento del clima y de los ambientes del pasado, si no fuese porque los granos de polen para los vegetales vienen a ser algo así como las impresiones digitales para los seres humanos: cada especie vegetal tiene un grano de polen de formas exclusivas.
El polen puede ser transportado por el viento lejos de sus flores de origen y la gran mayoría de sus granos se depositan sobre el suelo o sobre el agua de lagos y de lagunas. Una parte de los primeros puede ser arrastrada por el agua de lluvia hacia cauces y depresiones y finalmente se deposita junto a los segundos, como parte de los sedimentos del fondo lacustre.
El palinólogo es el especialista que se dedica a estudiar el polen. Con técnicas muy especiales, aísla los granos de polen presentes en los distintos estratos sedimentarios depositados en el fondo de lagos y lagunas, e identifica sus formas. Así determina a que especies vegetales corresponden esos granos.
Con metodologías estadísticas adecuadas, además puede determinar con aproximación la cantidad relativa de individuos de cada especie vegetal que existieron en una región. De ese modo puede llegar a reconstruir un bosquejo aproximado de las asociaciones vegetales que existieron en la región involucrada durante el momento en que se depositaron los sedimentos que constituyen cada estrato sedimentario. Así se obtiene una idea muy aproximada de cómo era el clima de la región de influencia.
De todos modos no es tan sencillo el análisis y las reconstrucciones paleoambientales y paleoclimáticas para cada momento del pasado, hechas en base al contenido de polen de cada estrato sedimentario. Por ser tan liviano, el polen puede ser transportado por el viento a distancias muy grandes, hasta miles de kilómetros de las flores de origen.
   Eso puede producir contaminación de un lugar por granos de polen 'viajeros' que nada tienen que ver con las condiciones climáticas y ambientales de ese lugar. Por ejemplo, se da el caso de hallar granos de polen de especies vegetales de los Andes Patagónicos en sedimentos de la llanura bonaerense. Esto se debe a que en el momento en que se depositaron los sedimentos portadores de esos granos de polen, existieron vientos favorables como para transportar el polen desde esos árboles cordilleranos hasta las llanuras del este.
Asimismo hay especies vegetales cuyas flores producen mucha mayor cantidad de polen que otras. Este hecho es importante de considerar en el momento de contar cuántos granos de polen de cada especie vegetal hay en las muestras tomadas en cada nivel de sedimentos. Luego y con metodologías estadísticas adecuadas, el palinólogo puede determinar con aproximación la cantidad relativa de individuos de cada especie vegetal que pudieran haber existido en una región.

En suma y pese a las dificultades que los palinólogos encuentran en su tarea, el análisis de polen es una buena herramienta para inferir las características de los ambientes del momento representado en cada nivel o estrato sedimentario. (Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2016/08/que-pasara-con-el-clima-11.html)
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(1) Es muy sutil definir la diferencia, si es que la hay, entre un lago y una laguna. Yo desarrollé la siguiente definición para mis clases de Geomorfología en la Univ. Nacional de San Luis: "Un lago es un cuerpo de agua que ocupa una depresión mediterránea (interior a un continente y aislada del océano), tan extensa, profunda o estable, como para desarrollar cualquiera de los siguientes rasgos: a) Perfil típico, con plataforma sumergida, taludes y planicies profundas. b) Morfología circundante típica, vinculada particularnente a su evolución (existencia de terrazas, crestas de playa, espigas, etc.). c) Ciclo termal anual bien definido (termoclina). d) Sedimentos típicos relacionados con los rasgos geológicos y climáticos de la cuenca. e) Diferenciaciones ecológicas entre sus zonas litorales, respecto a sus zonas profundas."

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jueves, 26 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (9)

Laguna y flamencos
CAPÍTULO 5b
EL "PULSO" DE LAS LAGUNAS
(Continuación de: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-8.html)
Tanto desde el punto de vista geológico en general, como desde el punto de vista biológico en particular, las lagunas cumplen ciclos evolutivos pasando por distintas etapas con características ecológicas propias. Esas etapas ocurren en estrecha relación con la evolución del clima. Esos ciclos sólo terminan cuando la depresión que contiene a la laguna desaparece, generalmente por haberse colmado de sedimentos inorgánicos y orgánicos. Las distintas etapas de cada ciclo pueden repetirse en una misma laguna, al sucederse episodios climáticos y ambientales similares durante su existencia. De ese modo, las lagunas “pulsan” casi como un ser viviente.
Durante episodios con suficientes precipitaciones, el agua precipitada sobre una región fluye hacia los lugares más bajos del paisaje. Este fluir del agua arrastra consigo los sedimentos más finos del terreno por el cual escurre; sedimentos tales como arcillas y limos. También puede disolver las sales presentes en el suelo, llevándolas hacia las depresiones junto con aquellos sedimentos. Cuando el agua detiene su marcha en esos bajos, las partículas de arcilla y de limo se depositan en el fondo, mientras tanto las sales pueden permanecer disueltas en el agua.
En esos momentos la actividad biológica en las lagunas, suele ser muy importante. Allí pueden proliferar distintas especies de moluscos gasterópodos (caracoles) y bivalvos; aves acuáticas y, a menudo, de peces. También abundan organismos microscópicos con esqueletos mineralizados por Sílice (tal el caso de las algas unicelulares llamadas diatomeas de variadísimas formas) o por Carbonato de Calcio, como los ostrácodos (pequeños crustáceos casi microscópicos, con el cuerpo encerrado en dos pequeñísimas valvas semejantes a las de las almejas).
Abundan también algas macroscópicas que producen fructificaciones de Carbonato de Calcio, como las caroficeas y, en lugares donde la profundidad lo permite, abundan juncales y otros vegetales hidrófitos (= vegetales acuáticos). Todo ese sistema ecológico, o ecosistema, característico del episodio climático húmedo existente, evoluciona junto al clima dejando sus restos depositados en el fondo de las lagunas, junto a sedimentos inorgánicos. La presencia de sus restos, testimonia luego el tipo de clima que debió existir para permitir su desarrollo.
A lo largo de esa evolución lacustre, las arcillas se depositan en el fondo más profundo y junto a ellas se depositan los caparazones de diatomeas (llamados frústulos) y ostrácodos (denominados cónchulas). También en esas arcillas se acumulan y conservan los granos de polen de los vegetales con flores (y también las esporas de helechos y de hongos) que viven en la región adyacente, como veremos detalladamente en el punto siguiente.
Por su parte, los sedimentos de las orillas lacustres normalmente son menos finos que las arcillas depositadas en el fondo más profundo. Estos pueden ser limos y arenas y en ellos se acumulan fructificaciones de caroficeas, conchas de caracoles y otros moluscos. Allí a menudo también se depositan huesos de vertebrados tales como aves acuáticas, peces y roedores acuáticos como el coipo, o nutria criolla, junto a restos de otros tantos organismos asociados en esas comunidades acuáticas.
Cuando el clima regional se torna menos húmedo, puede llegar un momento a partir del cual el agua de lluvia sea insuficiente como para compensar las pérdidas que la evaporación produce en las lagunas. Entonces en éstas disminuye el nivel, pudiendo secarse totalmente si el clima se torna suficientemente seco. Al evaporarse el agua de una laguna durante episodios de déficit hídrico, las sales llegadas en solución durante los episodios de humedad abundante, se concentran en el agua residual. Esa paulatina concentración de sales provoca cambios biológicos. Algunos peces pueden morir. Los juncales pueden secarse, ya sea porque queden fuera del cuerpo de agua reducido, o porque la concentración de sales supere sus límites de tolerancia.
De ese modo van desapareciendo los microorganismos previamente adaptados a vivir en agua dulce. A veces son paulatinamente reemplazados por otros que toleran mejor las nuevas condiciones ambientales de la laguna, cada vez más salobres. También suele darse el caso de algunos organismos que pueden acompañar a esa concentración de sales evolucionando al mismo ritmo que ellas y lo mismo puede pasar con los moluscos. De ese modo en los nuevos sedimentos que van depositándose en las lagunas quedan “guardados” restos biológicos que testimonian la evolución experimentada por el ambiente regional.
Si la evaporación es tanta como para que el agua residual de la laguna se sature en sales, éstas formarán cristales que se depositarán en el fondo. Entonces y a modo de ejemplo extremo, si se estudian los sedimentos de una antigua laguna y se encuentra alternancia de sedimentos ricos en arcillas y otros ricos en sales, puede ya decirse que en el área de influencia de esa laguna alternaron episodios climáticos húmedos y secos. El posterior análisis detallado de los restos de microorganismos y del polen contenido en los sedimentos podrá brindar más precisión en cuanto a la magnitud de esos episodios.
Antes de pasar a otro tema, vale la pena recordar la experiencia del lago Epecuén (provincia de Buenos Aires, Argentina.) Esta experiencia es un ejemplo del criterio equivocado con el que a veces la humanidad enfrenta a la naturaleza, en lugar de comportarse como parte de la misma tratando que su accionar armonice con la dinámica de aquélla. En el oeste de la provincia de Buenos Aires (Argentina), en el encuentro de dos grandes fracturas geológicas existe una serie de lagunas conectadas entre sí. Desde hace milenios hacia estas lagunas fluye parte del agua precipitada sobre un extensa superficie provincial; incluyendo la precipitada sobre una parte importante de los faldeos meridionales de las Sierras Australes Bonaerenses, o Sierras de la Ventana (provincia de Buenos Aires, Argentina.)
También hacia allí va el agua caída en las llanuras bonaerenses circundantes. Toda esa agua fluye de una a otra laguna y finalmente llega a la depresión más baja del sistema, donde se formó el lago Epecuén. Siglo a siglo también fueron hacia allí las sales lavadas de los terrenos de esta amplia región. Un romance de agua y sales transitó hacia Epecuén por todas las lagunas “encadenadas” en el sistema y allí terminó. Las sales se quedaron, tal vez mirando como se esfumaba en vapores el agua que las había sacado de su origen durante ese romance que duró tanto como su tránsito por las pendientes.
Conocí las poblaciones de Carhué y Lago Epecuén hacia 1976, cuando el nivel del lago había comenzado a crecer lentamente. Poco tiempo después, su altura ya preocupaba a algunos pobladores. Los hoteleros de Lago Epecuén, población edificada sobre el antiguo fondo del lago cuando este se achicó durante un pasado episodio de sequías a principios del siglo 20, temían que la llegada de agua diluyera las sales del lago y alterara sus propiedades terapéuticas. Con ello verían menguada su clientela conformada principalmente por quienes llegaban para calmar sus achaques reumáticos en la laguna. Por su parte quienes extraían Sulfato de Sodio de las aguas de Epecuén, además de preocupar a los hoteleros por sacarle sales al lago, se preocupaban ellos mismos ya que la dilución del agua podría afectar la cristalización del sulfato. Mientras tanto, el resto de la población de Lago Epecuén y de la vecina Carhué apenas temía por sus viviendas.
Me faltaba más de una década de experiencia como investigador en dinámica ambiental, como para dar el énfasis necesario a los peligros que entonces representaba el agua creciente y que yo vislumbraba. Los primeros datos que ya conocía, señalaban que desde inicios de esa década, las precipitaciones eran crecientes en la Cordillera Cuyana, en la Patagonia y en la misma Llanura Pampeana. Pero faltaban datos concretos como para afirmar por cuanto tiempo más se prolongaría esa tendencia creciente de las lluvias.
Además esos datos constituían una idea poco promocionada y menos feliz, contra tantos intereses y sentimientos en juego. Por un lado pesaban los intereses técnicos y académicos de los "expertos" de ese entonces, insistiendo en que el incremento del nivel de la laguna sólo era una situación pasajera de corto plazo. Por otro lado pesaba el interés de los hoteleros en abrir año a año sus hoteles, de cualquier modo, negándose a aceptar en pensar qué podría ocurrir en el mediano y en el largo plazo.
A ello probablemente se sumaban los intereses económicos de quienes por más de diez años cobraron por la provisión y por el flete de incontables toneladas de tierra y de rocas para hacer un dique perimetral a la población, a fin de frenar el avance del lago. Y por último, pero no por ello menos importante, también estaban en juego los sentimientos de la gente más humilde, cuya única propiedad era la casita o el ranchito cerca del lago y si lo abandonaban, quizá nunca más podrían pensar en recuperar tanto sacrificio allí invertido.
Así, en mis frecuentes visitas al lugar por razones de trabajo, vi como nació y creció el dique de contención con el que se rodeó la población de Lago Epecuen para protegerla del abrazo que intentaba darle el lago. Con el crecimiento del dique, año a año crecieron mis temores. Luego me alejé de aquélla región. Me desvinculé directamente del creciente lago Epecuén, pues trasladado a vivir a Buenos Aires, comencé de lleno a desarrollar mis investigaciones sobre evolución del clima y de los ambientes del país.
Mientras tanto las lluvias siguieron su crescendo en gran parte del país. Y en aquélla carrera entre el dique y el lago, finalmente una aciaga noche de 1985 ganó este último. Como no podía ser de otro modo, porque es imposible enfrentar a la naturaleza contrariando su dinámica, sin sufrir las consecuencias (continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/09/que-pasara-con-el-clima-10.html)
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viernes, 20 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (8)

Atardecer en laguna San Máximo
CAPITULO 5a
LOS LENGUAJES DE LA NATURALEZA
(Continuación de:
http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-7.html)
A esta altura del relato viene a mi memoria el recuerdo una campaña que realicé en Marzo de 1986 a la zona de Pedro Luro, en el sur de la provincia de Buenos Aires (Argentina.) Allí obtuve valiosos datos paleoclimáticos gracias a la colaboración brindada por la Corporación de Fomento del Río Colorado (CORFO).
En Paso Alsina, próximo al paraje llamado El Sostén, está el ápice de un antiguo abanico aluvial donde suelen descontrolarse las aguas del río Colorado en épocas de grandes crecientes. Allí me llamó la atención la presencia de árboles frutales muy viejos en estado de abandono. Hasta tuve un estridente altercado con una bandada de cotorras, por la posesión de un puñado de higos semi-maduros que conquisté a medias.
En aquéllos días, el personal de CORFO se abocaba a solucionar los inconvenientes que en el sistema de riego del valle inferior, estaba ocasionando una bajante extraordinaria del río Colorado. Y allí otra vez el clima saltó a la vista en toda la magnitud de su importancia. La causa de esa bajante y de las otras que ha experimentado el río Colorado en tiempos históricos, seguramente tiene un origen climático directo o indirecto, el cual no es aún suficientemente conocido.
Para establecer cuáles son los múltiples factores que modulan los caudales de los ríos y otras manifestaciones de origen climático, se hacen comparaciones analíticas. En primer lugar, con éstas se busca simultaneidad de ocurrencia de fenómenos diversamente relacionados entre sí, mediante las cuales se puedan inferir vínculos de causa/efecto.
Por ejemplo, si se observan los caudales del río Colorado medidos a lo largo del siglo pasado, se verá que los mismos provocaron inundaciones durante crecientes llamadas extraordinarias y durante otras llamadas catastróficas. Además puede verse que éstas se sucedieron con un período medio poco menor que once años. Los caudales de otros ríos de Argentina que nacen en los Andes también presentan ciclos de aproximadamente once años para sus mayores derrames.
Ese período medio próximo a once años es muy sugestivo, puesto que los episodios de actividad solar más conocidos, que son los de las llamadas ´manchas solares´, tienen un hemi-período medio aproximado algo menor que once años. Aún no hay estudios suficientes que permitan conocer cual puede ser el vínculo entre la actividad solar y el caudal de esos ríos, si es que el mismo existe. Tampoco se conoce el nexo que pueda existir entre el clima de áreas cordilleranas y el de las llanuras argentinas.
De todos modos la comparación a priori de los caudales de esos ríos con la actividad solar, permite postular una interesante hipótesis de causa/efecto entre unos y otra. (Recuerdo acá con admiración aquélla idea de Benjamín Gould previamente comentada, cuando durante el siglo 19 intuyó un posible vínculo entre ciclos climáticos y actividad solar). Pese a la carencia de información suficiente, una primera aproximación puede surgir de la comparación de los datos existentes para la Cordillera de los Andes y para las llanuras argentinas.
Por ejemplo, durante 1913, 1914 y 1915, las lluvias fueron intensas en la provincia de Buenos Aires. Las inundaciones de 1913 fueron muy importantes y entre otras cosas, demostraron la inutilidad de los tristemente célebres canales bonaerenses, recién construidos, como lo analicé en otro trabajo(20). Durante 1914 las nevadas en la Cordillera del norte neuquino y del sur mendocino donde nace el río Colorado fueron extraordinarias y tuvieron consecuencias catastróficas. Pues con el intenso deshielo ocurrido durante la primavera siguiente, se produjo gran aporte de aguas a los ríos cordilleranos. Así, la laguna Carrilafquén de la provincia de Neuquén, formada por un derrumbe de tierras y rocas que taponó la porción inferior de un valle de la cordillera neuquina, recibió mucha agua a partir de ese deshielo. Este excedente de agua, al fluir en gran cantidad sobre el dique natural formado por el derrumbe, lo erosionó hasta romperlo. El agua de la inmensa laguna se volcó al río Colorado en una sola noche y arrasó con todo lo que encontró a su paso hasta llegar al Atlántico (...y precisamente los frutales abandonados que comenté al principio, estaban plantados en las chacras que se destruyeron y abandonaron como consecuencia de ese aluvión catastrófico.)
Lo visto indicaría para la mitad de la segunda década del siglo 20, la existencia de una simultaneidad entre las intensas precipitaciones de nieve en áreas cordilleranas y las lluvias en la llanura (provincia de Buenos Aires.) Tal simultaneidad parece confirmarse con los datos de precipitaciones ocurridas en la llanura durante la década de 1980 y con los datos de caudales derramados por los ríos cordilleranos durante el mismo lapso. En ambos casos se nota un sostenido incremento.
(Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-9.html)

domingo, 15 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (6)

Registro instrumental de lluvias
CAPITULO 4(a)
EL RECONOCIMIENTO
DE LOS CAMBIOS CLIMATICOS
Y AMBIENTALES
OCURRIDOS DURANTE EL PASADO
 (Continuación de: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-5.html)
Para responder a las preguntas planteadas en el capítulo anterior, o dicho de otro modo, para predecir las tendencias climáticas futuras en un plazo de varios años, hasta décadas, deberá reconocerse con la mayor precisión posible el sentido y la magnitud de las oscilaciones climáticas y ambientales ocurridas durante el pasado. Tanto desde el pasado inmediato como hasta el pasado histórico y el pasado geológico. Este último en un orden de varias decenas de miles de años.
Como base imprescindible para elaborar pronósticos climáticos y ambientales confiables, los estudiosos más avanzados en el tema a nivel mundial, tratan de reconocer detalladamente las oscilaciones climáticas y ambientales ocurridas en el planeta hasta el presente, a partir del inicio del último gran enfriamiento mundial reconocido, o última gran glaciación mundial. Ese lapso, iniciado hace alrededor de 125.000 años, es también conocido como último Megaciclo Climático.
Una vez reconocidas con precisión y confiabilidad esas oscilaciones climáticas pasadas, se podrá conocer su tendencia actual. Luego, proyectando esa tendencia hacia el futuro, con todos los recaudos impuestos por el grado de precisión y de confiabilidad con los que se hayan obtenido los datos para el pasado, se tendrá un pronóstico. El margen de error de ese pronóstico será menor cuanto mayor sea el grado de precisión y de confiabilidad de los datos obtenidos para el pasado.

Metodologías empleadas para el reconocimiento
de los cambios climáticos ocurridos durante el pasado

Para el reconocimiento de las oscilaciones climáticas ocurridas durante el pasado, son varias las disciplinas que aportan elementos a las investigaciones, según sea el alcance cronológico hacia el pasado con el que se trabaje, como se verá seguidamente.

Climatología Instrumental

Esta disciplina se basa en el análisis estadístico de registros de parámetros físicos atmosféricos (presión, temperatura, precipitaciones de lluvia o de nieve, dirección e intensidad de vientos, humedad, etc.), obtenidos mediante instrumentos, en función del tiempo cronológico. Los registros de esos parámetros obtenidos para cada localidad, conforman lo que los climatólogos denominan series instrumentales. Para el siglo pasado y para una parte importante del planeta, existen series instrumentales completas y confiables.
Dado que los registros instrumentales de diferentes estados atmosféricos se miden en función del tiempo cronológico, ya sea en función de horas, de días, de semanas o de meses, un análisis estadístico adecuado de los parámetros registrados, permitirá un buen diagnóstico de las tendencias climáticas presentes para cada localidad involucrada. La proyección hacia el futuro de esas tendencias, dará una idea de lo que podría ocurrir con el tiempo meteorológico en un futuro cercano.
Pero la confiabilidad de esa predicción sería muy baja para el mediano y el largo plazo, entendiéndose por tales a plazos mayores que un año, a partir de donde ya no hablamos de tiempo meteorológico, sino de clima. Esto se debe al corto tiempo histórico que tienen los registros climáticos instrumentales para gran parte del planeta. Esa confiabilidad se torna aún menor si se considera que el clima terrestre podría experimentar diversas oscilaciones, de las cuales algunas podrían ser cíclicas, pero con varios períodos o frecuencias distintas y superpuestas.
Por otra parte y según algunos investigadores, otras oscilaciones climáticas podrían ocurrir aleatoriamente, escapando a las mejores predicciones. Dada la relativamente escasa extensión cronológica de la mayoría de las series instrumentales, quizá muchas de ellas solamente estén registrando un par de oscilaciones cíclicas con períodos de algunas décadas, tales como las sequías e inundaciones sufridas por la provincia de Buenos Aires (Argentina) en el siglo anterior.
Así, esas series instrumentales podrían no tener registradas eventuales oscilaciones de mayor período, del orden de siglos o inclusive de milenios y que de todos modos pueden influir en los pronósticos climáticos del orden de décadas. Por ello es necesario contar con registros climáticos y ambientales de mayor alcance en el tiempo cronológico pasado, como se desarrollará en los puntos siguientes.

Climatología Histórica

Puede decirse que este método se comenzó a utilizar con rigor científico a partir de las últimas décadas. El mismo se basa en el análisis de documentación histórica diversa. Esta puede estar escrita, como es el caso de las narraciones y crónicas de viajeros y naturalistas o documentos de gobiernos, como las antiguas Actas Capitulares(1). También puede considerarse todo otro documento que pudiese contener información climática y ambiental directa o indirecta.
Asimismo puede obtenerse buena información climática y ambiental de carácter histórico mediante el análisis comparativo de antiguas pinturas, daguerrotipos y fotografías. Con esto último se han reconocido avances y retrocesos de glaciares, cambios de cursos fluviales, expansiones y retracciones de bosques, etc. En síntesis, mediante esos datos históricos puede llegar a conocerse con cierto grado de aproximación el estado de un ambiente local en el momento de producirse esa información.
Un dato histórico que sirve de excelente ejemplo respecto a las posibilidades de brindar buen material de interpretación que posee la Climatología Histórica, aparece en las Actas del Cabildo de Buenos Aires. Según cuentan Ardissone(16) y Moncaut(6), a principios del siglo 18 se asentó en esas actas la petición de un vecino de la ciudad, Don Francisco Alvarez Campana, quien solicitaba el permiso de las autoridades para hacer un pozo donde juntar la nieve caída durante los inviernos, a fin de tener agua durante las sequías veraniegas.
Por un lado hoy parece increíble que hubiese nieve en la ciudad de Buenos Aires, prácticamente al nivel del mar, próxima a los 35º de latitud Sur y sobre el litoral del Río de la Plata, en cantidad y con frecuencia suficiente como para pensar en su aprovechamiento. Por otro lado, esa información breve que da indicios de un clima más frío y más seco que el actual, aisladamente puede parecer insignificante. Pero cobra gran importancia al coincidir con un cúmulo de información existente para el Hemisferio Norte (información que posteriormente comenzó a aparecer también en diversos estudios realizados en nuestro país). Esta información científica da cuenta del frío ocurrido en los siglos 17, 18 y la primera mitad del 19, durante el episodio climático que hoy es denominado Pequeña Edad de Hielo.
Por lo tanto ese dato contribuyó a desenredar la madeja poco a poco, comenzando a conocerse que pasó con el clima en el Hemisferio Sur. Dada la información existente para el Hemisferio Norte, se sabía que la Pequeña Edad de Hielo correspondió a un notable descenso de la temperatura. Pero para el Hemisferio Sur no se tenía información adecuada como para verificar si tal enfriamiento había sido de alcance mundial. Por lo tanto ese dato de las Actas del Cabildo de Buenos Aires dio inicialmente una pista de gran valor como para suponer un alcance global de aquél enfriamiento.
Del mismo modo y como dato ilustrativo respecto al valor de la documentación histórica, un vistazo a la "Carta de l'Amerique Meridionale" editada en París por P. Lapié durante 1814, permite ver que el río Quinto de la provincia de San Luis (Argentina) se continuaba hasta el Atlántico por el río Salado de la provincia de Buenos Aires, llegando a éste a través del arroyo Saladillo. Además y en la misma carta, una llamada del autor señala que el río Quinto llega al Saladillo sólo en épocas de abundantes precipitaciones. Este es otro dato histórico importante de tener en cuenta, por ejemplo, antes de porfiar por detener ese río cuando cada tanto comienza a inundar el oeste bonaerense, como se ha hecho cada vez que cobraron importancia las inundaciones en el oeste bonaerense.
Con el aporte de la Climatología Histórica, a nivel mundial se han logrado buenas reconstrucciones climáticas y ambientales para los últimos trescientos cincuenta, a cuatrocientos años. En casos aislados, como por ejemplo en el este europeo, donde existe buena información escrita para gran parte del último milenio, se han logrado reconstrucciones climáticas que llegan hasta el siglo 13, como lo cuenta Velichko(17). De todos modos y en la mayoría de los casos, más allá del siglo 17 la información histórica es escasa y la poca que existe tiene también escasa precisión y confiabilidad como para ser tomada en cuenta.
Pero además existen oscilaciones climáticas y ambientales de períodos aún mayores, las que escapan al alcance de la Climatología Instrumental e Histórica y las que, siendo también importantes para poder definir los mecanismos involucrados deben ser estudiadas por otros métodos. Estos se describirán en la próximas entrada.
(Continua en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-7.html)
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(1) Tal es el caso de las actas de los cabildos de nuestra época colonial, o el caso de los partes militares de las llamadas "campañas al desierto."

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (4)

Hormiga trabajando (Catamarca)
CAPITULO 2
IMÁGENES DE LA LLANURA PAMPEANA
(Escrito en el verano de 1986)

(Continuación de:
http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-3.html)

Aún resuena en la distancia el eco de los últimos truenos de esta tormenta que se preparó desde el atardecer de ayer. Camino bajo la garúa que siguió al chaparrón inicial, sin preocuparme en buscar refugio pues ya estoy empapado. El verano y su temperatura complaciente me permiten disfrutar a pleno esta vivencia sin temer una pulmonía. Esta es una de las tantas lluvias que inundan gran parte de la provincia de Buenos Aires y que motiva interrogantes en la gente. Mientras algunos se preguntan:

- “ Qué pasa con el clima?”

Otros responden:

- “ Cambió mucho!”

Y otros exageran:

- “ Nunca se vio caer tanta agua!”

Durante las últimas tres décadas, las crónicas diarias abundaron en noticias de ciudades bonaerenses inundadas y de evacuados.

- “Quién tiene la culpa?”

...es la pregunta de algunos ‘jueces universales’ en su eterna porfía de buscar responsables. Mientras tanto el agua cae y sigue su rutinario destino de cursar el sentido de las pendientes hacia los bajos, ya sea por la superficie o por el subsuelo. Llena lagunas, forma arroyos y busca el mar, para evaporarse y caer nuevamente repitiendo su ciclo. Así desde siempre. A veces más. A veces menos.

Bajo la garúa busco detalles que amplíen mis vivencias. Un tenue rayo de Sol se filtra entre las nubes, mientras se pierden a lo lejos, cada vez más espaciadas, las vibraciones de baja frecuencia de los últimos truenos. El chaparrón me sorprendió caminando por el campo bonaerense entre Laprida y General La Madrid, en mi rutina de dialogar con el paisaje franqueándonos y escuchándole de sus secretos seculares y milenarios.
Diez o quince minutos de intensa lluvia con relámpagos cercanos como música de fondo y un rayo caído a pocos cientos de metros, me hicieron agazapar para ofrecer menor blanco a las descargas eléctricas. Aguardé en esa posición hasta que el epicentro de la tormenta se alejó unos kilómetros. Cuando conté más de diez segundos entre cada relámpago y su correspondiente trueno, recién comencé a caminar, hecho sopa, sin dejar de medir mentalmente esos tiempos hasta que me distraje.
No me molesta la garúa, e incluso me invadió una inmensa sensación de alegría cuando apareció ese primer rayo de Sol y siguió lloviendo.

- " Se casa una vieja!", hubiese dicho mi madre.

- " Se casa una vieja", pensé sonriente.

En un bajo lleno de agua sobresale apenas la parte más elevada de un hormiguero convertido en un pequeño amasijo de barro. Gran cantidad de hormigas se amontonan en su cima y la naturaleza me enseña algo más. Me agacho para ver mejor una masa de color castaño que flota en el charco, de aspecto parecido a dulce de membrillo; es una densa y móvil masa de hormigas coloradas. Las toco con el dedo y ninguna hace intento de defensa o de agresión. En ese momento su motivación es otra. Cada una toma a otra de las patas con sus pinzas y a su vez es tomada de sus patas por otra, formando así una apretada masa flotante.
Las llevo hasta la orilla del charco y las disperso suavemente con una ramita de duraznillo. Para mi sorpresa y admiración, en el centro aparece la reina, protegida del agua y del enfriamiento por la estructura y el calor de todos los cuerpos del hormiguero. La especie se perpetúa superando la inundación en una balsa viviente que la proyecta hacia el futuro.
Esta novedad para mí, seguramente se repite desde que las lluvias comenzaron a inundar hormigueros.

- " Desde siempre!",
exagerará alguien.


Seguramente muchos lo habrán visto.
De los tantos naturalistas que recorrieron la Provincia de Buenos Aires desde el siglo pasado, tal vez el francés D'Orbigny(1), no tuviese esa oportunidad.
Este, al recorrer la provincia de Buenos Aires allá por 1.828, fue recibido por lagunas secas y suelos agrietados; con un río Salado cenagoso y hediondo debido a los animales muertos de sed a sus orillas y con un horizonte enrojecido de Sol y polvaredas, como escamoteándole el agua en un intento por cerrarle el paso. A tal punto debió magnificarse esa sequía, que otro naturalista francés, Augusto Bravard(2) para ese mismo año dio cuenta de una duna de arena enseñoreándose en la plaza principal de la Fortaleza Protectora Argentina, la misma que dio lugar al nacimiento de la ciudad de Bahía Blanca.
Por el contrario, el inglés Carlos Darwin(3) en la narración de su viaje por la llanura bonaerense hacia 1833, si bien habla algo de sequías, cuenta que al viajar a caballo desde la misma Bahía Blanca hasta Buenos Aires, tuvo que atravesar "...muchas millas de país inundado." Y hacia 1806, durante las invasiones inglesas, las crónicas cuentan que las lluvias fueron copiosas. Por su parte las narraciones de Robert Crawford(4) que datan de 1871 y las de Clark Edwin(5) de 1876, ambas mencionadas por Moncaut(6), también comentan de lluvias e inundaciones durante su paso por la llanura pampeana. Ingenuamente podría llamar la atención que los testimonios de franceses hablen de sequías y los testimonios de ingleses comenten de inundaciones.
Que ocurría? Los ingleses recorrían una llanura bonaerense distinta a la observada por los franceses? La narración de Romain D'Aurignac(7), también citada por Moncaut(6) pone las cosas en su lugar pues un año después del mencionado Edwin y contrariamente a lo vivido por otros franceses, éste tuvo en suerte recorrer una llanura bonaerense “ ...llena de estanques y lagunas...”

- “El clima ha cambiado mucho!” le dirían a Darwin los más prudentes.

- "Nunca se vio caer tanta agua!", le dirían los exagerados de siempre.


Entre estos divagues llego a una laguna desbordada, llena de juncales donde anidan gaviotas y gallaretas. Es como si caminando, de pronto hubiese llegado a aquéllos domingos de mi infancia, hacia mediados de la década de 1950, en un campo de mi Gonzales Chaves natal. Cuando quizá ya pensaba que algún día sería Geólogo, aunque aún no sabía que buscaría explicación a los tantos misterios que ya me maravillaban, como las lagunas ora desbordando y ora secándose.
En aquél entonces
los domingos acompañaba a mi padre a juntar huevos de gallareta y de gaviota en las lagunas cercanas. Huevos con los que mi madre cocinaba durante la semana.
 

En esos  tiemos y según los puesteros vecinos,

 - "Nunca se había visto tanta agua en las lagunas!"

Pero luego,
ya en mi adolescencia, poco a poco vi languidecer esas mismas lagunas hasta secarse. En el verano de 1961/1962 yo había terminado el segundo año del colegio secundario y durante una cosecha que intentaba robarle a la sequía algún puñado de trigo inexistente, manejaba un viejo tractor Fordson Major E27N.

En su constancia de todos los días, los vientos del oeste y del noroeste secaban la tierra. En un potrero en el que no quedaban ni rastros del lino sembrado meses antes, llegué a ver el suelo con grietas de más de cincuenta centímetros de profundidad. Hasta pude pasar con el tractor levantando polvareda por el medio de aquéllas lagunas que poco menos de una década antes “…nunca habían tenido tanta agua!" Ese mismo año y al sur de Coronel Dorrego, las dunas cubrían los alambrados a lo largo de la ruta nacional Nº 3.
Mucho más tarde, ya en la década de 1980, aquéllas lagunas volvieron a tener “...tanta agua como nunca...!” y al sur de Coronel Dorrego, allá por los kilómetros 618 a 623 de la ruta 3, como testimonio de aquélla sequía quedaron algunas pequeñas dunas cubiertas de pasto, alertando que la arena está allí abajo y que en cualquier descuido puede volver a moverse, como veremos posteriormente.
Más allá de mi memoria, revolviendo viejos periódicos aparecen las inundaciones de 1946 en la prvincia de Buenos Aires, cuando en la zona de General La Madrid quedaron muchos campos incomunicados del pueblo por sus caminos habituales. Fue en ese entonces cuando los vecinos favorecidos por la mayor altura de sus campos, cobraban peaje a los que obligadamente tenían que cruzar por sus propiedades para movilizarse hacia y desde la ciudad, según consta en los diarios de esa ciudad.
Aún más allá
aparece la prolongada sequía de la década de 1930(1); las inundaciones de 1913, 1914 y 1915, cuando en el centro bonaerense las gavillas de trigo se pudrían en el campo y las que no se pudrieron, recién se trillaron en julio y agosto, según oí contar a los viejos peones con los que compartí tantas cosechas y ruedas de fogón.

Surge también la inundación del año 1900, para la cual el Ing. Wauters(8) dio cuenta de la muerte de veinte millones de ovinos y dos millones de vacunos en la provincia de Buenos Aires. Cifras asombrosas, provocadas por la no menos asombrosa cifra de más de dos mil milímetros que habrían llovido ese año en algunas localidades de la cuenca del río Salado, según lo cuentan viejas crónicas.
Avanzando aún más en el asombro, más allá aparece el año 1857, cuando un buque a vapor zarpó del puerto de Buenos Aires y llegó a la ciudad misma de Chascomús, entrando por el río Salado y arribando a la laguna homónima a través de los campos inundados. Ese fue un intento de la empresa Aspiazu, Hoevel y Cía., para establecer una línea regular de navegación, suponiendo irreversibles los efectos de esa inundación. Inundación que pronto cedió e hizo fracasar la empresa, como lo señala Moncaut(6) en su libro Biografía del río Salado.
De ese modo, los “Nunca visto!” de los memoriosos se tornan frágiles y cuestionables, surgiendo entonces las preguntas obligadas: “ Qué pasa con el clima?”; “Cuál es la causa de las inundaciones y de las sequías que sufre periódicamente la llanura bonaerense?.”; ”Pueden llegar a predecirse estos fenómenos naturales adversos para las actividades humanas?”
(Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-5.html)
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(1) En realidad este episodio de sequías, al cual en un libro denominé “crisis de erosión eólica y desertificación de la década del '30”, comenzó a manifestarse hacia 1928 y duró por lo menos hasta 1944.
NOTA: Los nombres que cito en el texto, con un número al lado, son personas que han escrito algo al respecto. A todos citaré al final de este trabajo.

lunes, 2 de agosto de 2010

¿QUÉ PASARÁ CON EL CLIMA? (3)

Agua y comunicación (Amsterdam)
CAPITULO 1
IMPORTANCIA DE LA PREDICCIÓN
DE TENDENCIAS CLIMÁTICAS Y AMBIENTALES
(Continuación de:
http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/07/que-pasara-con-el-clima-2.html)

A lo largo de su evolución intelectual, los seres humanos fueron reconociendo empíricamente los secretos de la naturaleza, transmitiéndolos de una generación a otra. Inicialmente, cuando los individuos simplemente recolectarían lo que la naturaleza brindaba, habrán aprendido a diferenciar los vegetales comestibles de los no comestibles; la piedra que conservaba filo de la que no lo conservaba; la mejor leña para hacer fuego; el animal peligroso del que no lo era. Además, entre otros secretos de la naturaleza, también habrán ido aprendiendo lo necesario para sobrevivir a las oscilaciones ambientales, regidas por el clima.
Quienes recolectaban frutos como alimento, migrarían hacia las distintas regiones de recolección estacional. Otros seguirían a sus animales de presa a lo largo de las migraciones de estos, también estacionales. Al evolucionar hacia actividades pastoriles, también habrán migrado en pos de campos de pastoreo favorables, siguiendo el rastro del clima. Tanto aquéllos primeros nómades como estos últimos, habrán cumplido un ciclo anual similar al que cumplen los actuales pastores de ovinos y caprinos a lo largo de toda la Cordillera de los Andes: llevando sus animales valle arriba en primavera, hacia la veranada, o pastura de verano y bajándolos hacia la invernada, o pastura de invierno, al avanzar el otoño.
Así, hace algunos milenios, durante el desarrollo de las últimas glaciaciones planetarias, en esas migraciones controladas por el clima los europeos pastores de renos fueron descendiendo en latitud desde Escandinavia hacia el centro de Europa, alejándose con sus animales del frente de avance de los glaciares. De modo inverso, al calentarse el clima mundial y retroceder los glaciares, estos pastores se marcharon nuevamente hacia el norte.
En etapas evolutivas aún más avanzadas, los humanos aprendieron que al cultivar determinadas especies vegetales acopiando sus frutos, aseguraban alimentos al margen de la escasez que a veces imponía la mera recolección de frutos silvestres. Esa nueva economía forzó a que los primeros agricultores debieran establecerse en lugares fijos y, obviamente, ello ocurrió en zonas ambientalmente favorables para el desarrollo de sus cultivos. Asimismo los primeros núcleos urbanos debieron establecerse en ambientes aptos para la vida humana y así las primeras poblaciones normalmente se desarrollaron a orillas de lagos y cursos de agua, e inclusive dentro del agua. Pero tales poblaciones debieron ser abandonadas cuando episodios de aridez secaron lagos y ríos y agostaron los campos de labranza por largos períodos.
A lo largo de la evolución de la humanidad, podría decirse que hasta el Medioevo no existieron mayores sobresaltos respecto a su necesidad de recursos naturales. Recursos tales como alimentos, agua o fibras vegetales y animales para vestimenta, se obtenían en cantidad suficiente para cubrir la demanda sin alterar significativamente la auto recuperación de los ambientes naturales.
El sistema feudal dominante entonces, era abastecido de recursos naturales por los campesinos de los feudos. Por otra parte el artesanado elaboraba las materias primas también obtenidas por esos campesinos y con el solo ritmo de sus manos, abastecía la demanda de productos elaborados. Así y salvo muy contadas excepciones, se puede estimar que existía un relativo equilibrio entre la demanda y la producción de recursos naturales dependientes del clima, (lámina 3) tales como alimentos, fibras, madera y materiales de construcción.
En ese entonces el agua, un recurso natural de importancia vital y dependiente del clima, no presentaba mayores problemas de obtención. Si bien existía propagación de enfermedades tales como la fiebre tifoidea (no confundir con tifus) y el cólera a través de aguas contaminadas, ello se debía más al desconocimiento acerca de los medios de contagio y a la falta general de higiene, que a la carencia de agua potable.
Con el invento de la máquina de vapor, la humanidad dio un gran salto cualitativo económico y social. Dicho salto se originó en la rápida acumulación de producción y por ende, rápida acumulación de capital. Salto que posteriormente, al ser estudiado en su desarrollo histórico, fue llamado Revolución Industrial.
Hasta ese momento la humanidad sólo controlaba la energía térmica en la reducida escala de hornos para cerámica y vidrio, braseros, fogones y fraguas. La máquina de vapor convirtió la energía química de distintos combustibles en energía cinética rotativa, pasando previamente por distintos estados energéticos desde energía térmica, energía molecular y energía cinética alternativa. Así la humanidad dominó gran cantidad de energía instantánea y dejó de depender de la sola fuerza de sus brazos o de la fuerza de algún animal domesticado, para la transformación de las materias primas naturales en productos elaborados.
Esa nueva disponibilidad energética en definitiva dio lugar a la aparición del capitalismo, como nuevo orden social que compitió exitosamente con el feudalismo por la supremacía sobre la propiedad de los bienes de producción. Quien dispuso de un capital inicial suficiente (en general, banqueros y mercaderes) como para acceder a una máquina de vapor que impulsase distintos elementos de producción manufacturada tales como telares, sierras, molinos de harina, martillos, etc., pudo producir mucho más cantidad a menor costo que cualquier artesano de su momento.
A causa de ello el artesanado poco a poco se vio obligado a su lugar a la producción industrial en pequeña escala para la satisfacción de las demandas de la sociedad. Y así gran parte de los artesanos finalmente terminó vendiendo su mano de obra a esas industrias incipientes. La gran potencialidad de elaboración de materias primas de estas industrias, aumentó la presión ejercida sobre los recursos naturales en general y en particular sobre los recursos naturales dependientes del clima.
Por otra parte, el abaratamiento de los costos de producción ocurrido ante los mayores volúmenes producidos, sumado al mayor poder adquisitivo de las masas cada vez más numerosas que se empleaban en las nuevas industrias, aumentó el porcentaje de la población que podía consumir los nuevos productos elaborados. Ambos factores también se tradujeron en una mayor demanda de recursos naturales y por ende en una mayor presión sobre los mismos y sobre los ambientes en general.
En esas etapas iniciales del desarrollo capitalista, en los países con industrias florecientes se intensificó la explotación de los recursos naturales dependientes del clima. Poco a poco y para el estado de desarrollo de los medios técnicos entonces disponibles, en esos países se llegó a un límite práctico en la producción de esos recursos naturales.
En esa continua evolución económica y llegando ya a la actualidad, los países más industrializados se aproximaron poco a poco a valores límite en la producción e industrialización de recursos naturales dependientes del clima. Cualquiera sea el sistema social considerado, ya sea el sistema capitalista o lo que fue el llamado sistema socialista desde la segunda década del siglo 20 hasta la penúltima década del mismo siglo, el crecimiento industrial aumentó la presión sobre el medio ambiente y sobre los recursos naturales. Particularmente sobre un recurso natural que hasta la Revolución Industrial e inclusive avanzada ésta, no presentaba mayores inconvenientes para su obtención: el agua.
En algunos países, principalmente merced al empeño de organizaciones no gubernamentales y en los últimos años también gracias a organismos ad hoc de las Naciones Unidas, los recursos naturales tienden a ser considerados como patrimonio de toda la sociedad (tanto de la sociedad actual como de la futura). Y aunque esto no pase aún de ser una expresión de deseo, su preservación no solo tiende a ser legislada preventivamente, sino que se tiende a inculcarla desde la educación elemental.
También se tiende a que la instalación de nuevas industrias contemple el impacto ambiental de sus actividades y considere los elementos necesarios como para que este sea compatible con la autopurificación de los ambientes involucrados. Ya sea mediante la evolución tecnológica hacia metodologías ambientalmente menos agresivas; ya sea mediante la instalación de sistemas de purificación de los eventuales efluentes vertidos al medio; ya sea por medio del reciclado de los mismos. Gracias a ello, en algunos países se han reducido en forma apreciable problemas tales como el que significa la contaminación hídrica. Lamentablemente, en una gran mayoría de países y en especial en aquéllos eufemísticamente denominados menos desarrollados, el problema es mucho más complejo que la simple toma masiva de conciencia.
Las relaciones económicas internacionales plantean un problema especial a la gestión del medio ambiente en la mayoría de estos países. En ellos la agricultura y la ganadería, la silvicultura, la producción energética y de minerales generan por lo menos la mitad del producto nacional bruto y representan una proporción aún mayor del sustento y del empleo. La exportación de productos naturales sigue siendo importante factor de sus economías y la mayoría de ellos se enfrentan con enormes presiones económicas nacionales e internacionales que los llevan a explotar en exceso sus recursos naturales.
En síntesis, mientras la humanidad pudo incorporar tierras vírgenes a sus cultivos y nuevas aguas al consumo humano directo o a su consumo industrial, no existieron problemas visibles respecto a los recursos naturales dependientes del clima. Por otra parte, el constante advenimiento de nuevas tecnologías permitió mejorar los rendimientos agrícolas, ganaderos, industriales y energéticos.
Pero paulatinamente se han ido alcanzando límites cada vez más difíciles de superar con el mero desarrollo tecnológico. Cualquiera sea el estado de desarrollo de un país y el sistema socio político dominante en el mismo, crece sin cesar la presión sobre los recursos naturales en general y sobre los recursos naturales dependientes del clima en particular, llegándose a la necesidad de programar su producción a corto, mediano y largo plazo.
A su vez la dependencia de los recursos naturales sensibles al clima respecto a las fluctuaciones climáticas imprevistas, puede derivar en efectos catastróficos. Prueba de ello son las inundaciones que periódicamente devastaron la provincia de Buenos Aires y que desde 1980 fueron una preocupación casi constante, con alguna esporádica sequía como las ocurridas durante 1995/1996 y durante la mitad del año 2003 y desde el 2006 al 2009.
En ese estado de cosas, la humanidad ha formulado a la ciencia una pregunta vital para su desarrollo futuro, e incluso para su supervivencia: ¿Cuál será la tendencia de la evolución climática y ambiental durante las próximas décadas? Esa pregunta se hace más insistente a medida que se hace más imperiosa la necesidad de planificar la producción de materias primas dependientes del clima. Cualquier oscilación climática puede afectar el balance entre la producción y la demanda de esos insumos. Y el impacto de esas oscilaciones sobre la humanidad dependerá no sólo de su magnitud, sino de la velocidad con la que puedan producirse y de la capacidad de la ciencia para predecir las mismas con aceptable grado de precisión.
Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-4.html)
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miércoles, 28 de julio de 2010

¿QUE PASARÁ CON EL CLIMA? - (2)

Amanecer en Salinas Grandes
¿QUE PASARÁ
CON EL CLIMA?
INTRODUCCIÓN
(Continuación de:
http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/07/que-pasara-con-el-clima-1.html)
Escribí estas páginas en ratos perdidos, tratando de explicar de forma simple, las causas de las oscilaciones experimentadas por el clima y por los ambientes de nuestro país durante el pasado geológico cercano. Además lo hice tratando de clarificar el panorama general respecto a lo que puede ocurrir con el clima mundial en las próximas décadas, ya que es mucha la información al respecto que diariamente da la vuelta al mundo. Información generalmente confusa y sesgada hacia hipótesis no comprobadas, como es la de un calentamiento global que pareciera ser inexorable, irreversible y causado por acción humana. O información capciosa proveniente de los países dominantes, con la aviesa intención de asustar a la gente para no perder sus posiciones de liderazgo en el mundo globalizado.
En estos escritos intenté traducir de la jerga científica los resultados de investigaciones propias y de investigaciones realizadas por otras personas de Argentina y del mundo. La intención final es la de introducir al lector no iniciado, en un aspecto importante de las ciencias naturales como es el de las oscilaciones climáticas y ambientales ocurridas durante el pasado. Asimismo la idea es descorrer un poco el halo misterioso que envuelve a la información científica. Halo generalmente tanto más denso, cuanto más dudosa o cuestionable sea validez de la información científica de la que se trate.
Como Geólogo, en su momento como investigador del CONICET y siempre como investigador de la FUNDACION CARL C:ZON CALDENIUS, desarrollé investigaciones buscando elementos que permitan reconocer el sentido y la magnitud de las oscilaciones climáticas y ambientales ocurridas durante los últimos 125.000 años; lapso conocido como Último Megaciclo Climático. En ese ámbito trabajé durante poco más de 21 años como Investigador del CONICET, fundamentalmente entre los 33º y 41º Sur de Argentina. Latitudes entre las cuales está involucrada la Región Pampeana y por ende, la provincia de Buenos Aires.
Ahora, habiendo renunciado al CONICET por propia voluntad, continuo con las investigaciones por mi cuenta y en el mismo sector geográfico, pero en un ámbito humanamente saludable. En ese sentido la Universidad Nacional de San Luis, la que en su momento me permitió ser parte de su plantel académico como docente, me permitió vislumbrar otras perspectivas.
El objetivo final, de largo plazo, perseguido con mis investigaciones, es lograr elementos de juicio de suficiente precisión y confiabilidad como para realizar un diagnóstico paleoclimático y paleoambiental confiable. Con tal diagnóstico y con otros elementos de juicio provenientes diversas disciplinas científicas, algún día se podrán realizar predicciones climáticas y ambientales válidas para el mediano y el largo plazo. Para quienes, por ejemplo, sufren periódicamente los efectos negativos de inundaciones y de sequías en la Región Pampeana de Argentina, en ambos casos con frecuentes secuelas catastróficas, un conocimiento anticipado de lo que sucederá con el clima y su influencia sobre los ambientes donde desarrollan sus actividades, será de valor inapreciable.
La labor desarrollada en mi caso, ha sido y es de base eminentemente geológica. La misma se complementa con el aporte de datos provenientes de especialistas en otras disciplinas tales como la Paleontología, Biología, Física, Química, Geofísica, Climatología, Arqueología y otras no menos importantes.
En este escrito y durante el desarrollo de los distintos capítulos, trataré de mostrar un panorama general de los trabajos y disciplinas involucradas. A varios de esos capítulos los he ido escribiendo paralelamente a la realización de las actividades de investigación de campo y de gabinete. En ellos se suceden comentarios, observaciones, datos científicos generales y datos históricos, hilvanados con algunas vivencias personales. Algunos capítulos fueron publicados como notas en el periódico sabatino La Nueva Provincia con el Campo, de la ciudad de Bahía Blanca; otros en la revista Agromercado y también en algún otro medio de difusión.
Remarco el hecho de que este escrito está destinado a ilustrar a lectores interesados en las generalidades del tema y no a quienes estén compenetrados con cualquiera de las disciplinas involucradas en los estudios paleoclimáticos y paleoambientales. Ellos conocerán de sobra la mayoría de los elementos aquí vertidos. Aunque de todos modos, el enfoque dado a la importancia de la actividad antropogénica sobre el clima planetario, podrá serle al menos diferente al actualmente de moda.
 (Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/08/que-pasara-con-el-clima-3.html)
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domingo, 25 de julio de 2010

¿QUE PASARÁ CON EL CLIMA? (1)

Nubes desde mi ventana
¿QUE PASARÁ CON EL CLIMA?
(AZÚCAR!!! - A modo de prólogo)
Hace algún tiempo comencé a revolver escritos viejos, de esos que fueron esperando en los cuadernos, superados en su momento por otros papeles a los cuales la perversidad del llamado “sistema científico” de Argentina, impuso la urgencia de ser publicados. Y antes de seguir me veo en la obligación de aclarar que durante veintiún años y cinco días, formé parte de ese “sistema científico”, como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Tardé veintiún años y casi una semana para romper el mandato esquizofrénico que el CONICET y quienes en ese momento detentaban el poder en los estamentos políticos del mismo y en general de los organismos científicos del país, imponían (…no sé si lo seguirán haciendo) a los investigadores que queríamos cumplir con nuestro deber y que por suerte eramos mayoría. En teoría, la obligación tácita y excluyente que tiene el investigador científico (y seguiré hablando en tiempo presente) es la de “buscar la verdad” en su área de estudio y (se supone que) es juzgado académicamente de acuerdo a ello. En la práctica son múltiples y sistemáticas las trabas que surgen del sistema, para coartar el desarrollo de cualquier investigación (o sea, coartar la búsqueda de la verdad).
Considero que hay cinco posibles maneras de resolver ese conflicto. La primera es entrar a formar parte del sistema político científico y convertirse en “ave del mismo plumaje” que la bandada de burócratas de turno, coartando al resto. Ello no solo asegurará la supervivencia en el sistema, sino que garantizará el ascenso en el mismo. También asegurará el manejo de subsidios a discreción, tanto para otorgarlos, como para recibirlos (aunque, obviamente, eso no asegurará la calidad académica de su actuación, puesto que generalmente ocurre todo lo contrario.)
La segunda posibilidad es oponerse abiertamente a las arbitrariedades del sistema y convertirse automáticamente en un francotirador aislado, al cual enseguida se podrá en cuarentena y se le coartarán los medios esenciales para el desarrollo de sus investigaciones.

- “Con ése no hay que meterse, porque es loco!!”, llegaron a decir de mi en la Comisión de Ciencias de la Tierra, etc., del CONCICET, cuando los empecé a cuestionar frontalmente. De todos modos y diluidos en el semi-anonimato que otorga el ser parte de la “bandada”, sistemáticamente me cortaron los víveres de las formas más perversas imaginables.

La tercera posibilidad es la de usar las “zonas grises” del sistema. Aprovechar resquicios y aprovechar también “simpatías” que circunstancialmente puedan acceder a las áreas de decisión. Esto puede ayudar a progresar en las investigaciones durante algún tiempo a quienes lo practiquen. Aunque por un lado conlleva el peligro de caer en la obsecuencia y por otro lado conlleva el peligro de que luego de recibir alguna ayuda, el involucrado se vea obligado a corresponder de alguna manera de las tantas que el mismo pudo cuestionar anteriormente. De este modo, si no se vuela en la bandada, al menos se merodea alrededor de ella tratando de picotear algún resto.
La cuarta posibilidad, la mejor sin dudarlo, es la de lograr pronto un reconocimiento académico Internacional. Eso otorga una "altura de vuelo” que por un lado inmuniza al investigador de las "ruindades de cabotaje" por parte de quienes solo vuelan dentro del “gallinero” local. Por otro lado ello le permitirá obtener financiación desde el exterior para sus investigaciones. La contra que suele tener esta posición, es que muchas veces se puede terminar siendo víctima de las modas científicas internacionales. O lo que es peor: entrando a investigar los temas de moda, difícilmente le quedará margen de acción para investigar aspectos que de algún modo contradigan las hipótesis “fashion”. Eso, a pesar de que el contradecir una hipótesis científica sea una de las herramientas más importantes para demostrar su verdad, o su falsedad.
La quinta y última posibilidad es irse del sistema y eso fue lo que hice. Un día me sentí avergonzado de coexistir en la misma institución que prohijaba a tanto simulador y renuncié. Y digo “a tanto simulador”, porque luego de haber leído “La simulación en la lucha por la vida”, uno de los libros más importantes de José Ingenieros, no se me ocurre otro término para adjetivar a muchos de los miembros de esa institución. Si no fuese porque Ingenieros escribió ese libro durante su juventud, mucho antes de la existencia del CONICET, cualquiera diría que este médico psiquiatra bien pudo haber tomado como modelo a unos cuantos de sus encumbrados miembros.
Me fui. Renuncié. Salvé mi dignidad y recuperé otro tipo de alas para mi libertad de siempre, escribiendo lo que quiero y aquí estoy, rescatando viejas ideas que no por viejas dejan de ser actuales. Azúcar…!!! Como gustaba decir la vieja y gloriosa Celia Cruz, alegrando su vida y la de su entorno.
Hasta en el tratamiento dado a mi renuncia saltó a la vista la perversidad del sistema, surgida de la arbitrariedad de “los del CONICET” (quienes, bien vale aclararlo, se reciclan entre sí casi del mismo modo tautológico como reciclan sus “papers”). Porque mi renuncia fue tratada de inmediato; a punto tal que la elevé con fecha 15 de Mayo y fue aceptada con fecha 17 de Mayo del mismo año. O sea, apenas DOS DIAS DESPUÉS. Resalto esto, porque no es habitual que “los del CONICET” resuelvan cualquier tema de modo tan expeditivo.
A propósito y entre tantas barbaridades de las cuales tengo los papeles a mano y que no es el caso detallar aquí, recuerdo que en Junio de 1993 debía viajar a EUA a fin de participar en un simposio sobre ambientes litorales oceánicos al cual había sido invitado y donde presentaría un par de trabajos. Y presten atención, porque esto no tiene desperdicio. Las normativas del CONICET indicaban que los pedidos de licencias, etc., para estos fines, debían efectuarse con cuatro meses de anticipación. Por tal motivo elevé mi pedido de licencia con goce de haberes a principios de Marzo de ese año.
La Organización de los Estados Americanos (OEA) subsidiaría mi pasaje y los organizadores subsidiarían mi inscripción en el simposio. La fundación Caldenius subsidiaría parte de mis gastos de alojamiento y comida. Por ello, junto al pedido de licencia solicité $ 500 para solventar otra parte de esos gastos (unas “chauchas”, según me expresó uno de los miembros de la comisión asesora del mismo CONICET, referente a mi área de actuación científica).
Hasta aquí, todo bien. Llegó Junio y con Junio llegó la semana de partir, pero en el CONICET no había ni miras de tratarse mi pedido. Probablemente los miembros de la comisión asesora que debía tratar el tema, estaban muy atareados abonando la tierra sus “huertas.” Pocos días antes de la fecha del viaje y preocupado por la falta de tratamiento a mi pedido, hablé con el Presidente de esa comisión asesora (debo aclarar que el mismo y como excepción, es una persona honesta, franca y académicamente positiva. No diré su nombre, pero quien esté dentro del sistema sabrá de quien se trata, con solo atender a las fechas mencionadas y a mi especialidad).
Esta persona me dijo que conocía el pedido y que no vislumbraba ninguna objeción al mismo. Máxime que era muy poco el monto de ayuda pecuniaria que solicitaba, ya que gran parte de los gastos serían subsidiados por otras instituciones. Por tal razón me sugirió que viajase y que a mi regreso seguramente estaría el tema resuelto y se me reintegrarían los gastos.
Viajé y anduvo todo bien, hasta que regresé. Pues “los del CONICET” resolvieron mi pedido recién durante Noviembre. Afortunadamente en Noviembre del mismo año; aunque nueve meses después de efectuado mi pedido (recordemos los DOS DÍAS que tardaron en resolver mi renuncia. Hay quienes dicen que “los del CONICET” estaban escondidos detrás de la puerta, esperando mi renuncia para tratarla). Pero eso no es nada, comparado con la perversidad que el sistema ocultaba en el anonimato de sus pasillos, como ahora contaré.
Un día de Noviembre recibí una notificación diciendo que “los del CONICET” habían resuelto sobre mi pedido realizado en Marzo. Con la nota en la mano fui al Departamento de Subsidios, donde la empleada de turno me leyó la copia en carbónico de la resolución de la comisión asesora respectiva. Allí me enteré que esa comisión me había adjudicado LOS PASAJES en avión (que, vale recalcarlo, importaban un monto muy superior a mi pedido). Nada más.

- “No puede ser! Si yo no pedí pasajes, sino que pedí parte de los viáticos!” le dije asombrado a la empleada con 'cara de poker' que me estaba atendiendo.

- “Ah! No sé! Yo solo le leo lo que dice la copia de la resolución”, me contestó mientras me alcanzaba la misma para que yo la leyese.

Y efectivamente, eso decía: me otorgaban los pasajes, cuando yo no solo había aclarado que de los mismos se haría cargo la Organización de Estados Americanos (OEA), sino que había adjuntado las correspondientes notas de compromiso de la OEA y de los organizadores del simposio. Era obvio que yo no podría presentar los comprobantes de los pasajes ante el CONICET para su reintegro, porque estos ya habían sido presentados cuatro o cinco meses antes, en la rendición de cuentas elevada a la OEA.

- “Que hijos de puta!”, podrá pensar algún apresurado.

Pero no se apresuren, porque hay más, y más perverso aún. Faltaba la cereza del postre. Desde la oficina de Subsidios me fui de raje a la Secretaría de la comisión asesora correspondiente, donde estaba la Secretaria, Marta, una empleada buena y eficiente como pocas, a quien le conté el caso palabra por palabra.

- “No puede ser!.”, dijo Marta y agregó:

- “Recuerdo bien que en la resolución de la comisión se le otorgaron los viáticos. Yo misma la pasé a máquina.” Y acto seguido buscó en los archivos el original de la misma, cuya copia en carbónico yo acababa de leer minutos antes en la otra oficina.

Efectivamente, en el original mecanografiado por Marta constaba que se me otorgaban los viáticos solicitados, aunque en la copia que obraba en el Departamento de Subsidios decía que me otorgaban los pasajes. ¿Qué había pasado en el camino? ¿A quién le importa ya…? El asunto es que si eso no es perversidad, ¿…qué es perversidad?
Pero el caso no termina allí. Todavía hay otro poquito más, que les contaré enseguida y prometo ir enseguida a lo trascendente, porque todo esto ya no es más que anécdota. “Cartón pintado!”, como gustaba decir un Paleontólogo amigo. De hablar con Marta fui al Departamento de Subsidios, ubicado creo que en el piso tercero del edificio, a mostrarle el original de la resolución a la mujer que allí estaba a cargo. Generalmente esas jefaturas son ocupadas por gente con sangre de pato, o con una coraza a prueba de balas, porque son quienes deben poner la cara y en quienes rebota toda la mala leche que se encargan de rezumar sus jefes; los capitostes; “los del CONICET.”

- A ver..? A…mm…pssse! No se que habrá pasado! Pero quédese tranquilo, puesto que ya sea que le hubiesen dado pasajes o viáticos, desde el mes pasado hay una resolución por la cual no se hacen más reintegros. Así que ya fuese una cosa o la otra, no se le reintegrará nada!” Con lo cual y leído entre líneas, quiso decir:

- “¿Pagaste vos? Jodete! Si te alcanzó para volver, ¿De que te quejás?"

Lo triste del caso es que quizá pueda quejarme PORQUE ME ALCANZÓ PARA VOLVER..! Creo que a lo mejor hubiese sido lindo, o al menos interesante, que no me hubiese alcanzado para volver al CONICET..! Pero ya está! Ya pasó. Volví y afortunadamente me dio el cuero para renunciar!! "Azúcar…!!"

Y a propósito de azúcar…!! ¿Se enteraron que hace pocos años (NOTA: escrito en los ´primeros meses de 2004) se encontró azúcar en un lugar insospechado? Tan insospechado el lugar, como enorme la cantidad de azúcar que hay en el mismo. Adivinen dónde… ¿Dónde..? Frío. Frío. Tan frío como el lugar donde está ese azúcar. Y no es en los polos. Los polos son un horno, comparados con la temperatura del lugar donde está el azúcar, en el cual y según los descubridores, la temperatura se encuentra escasamente por encima del cero absoluto.
Si piensan un poquito en qué lugares del Universo hay tanta ausencia de calor, adivinarán: en el espacio intergaláctico! Si señor! De acuerdo a recientes estudios astronómicos, en la constelación de Sagitario y a unos veintiséis mil años luz de la Tierra, hay una nebulosa básicamente constituida por acetil-aldehido, el cual es una forma químicamente muy simple de azúcar.
Tan interesante como esto es que esa forma de azúcar es la base elemental para la formación de ADN y por ende, es la base del código genético y de la vida. Este descubrimiento incentiva el planteo de hipótesis científicas sobre el origen de la vida. Por un lado abona la idea de que las formas más simples de vida sobre la Tierra pudieron haberse generado a partir de moléculas orgánicas elementales, como el caso de este azúcar, provenientes del espacio exterior. Por ejemplo, habiendo llegado en meteoritos y cometas. Además ello potencia las hipótesis que postulan la posible existencia de seres vivos con ADN como base genética, en otros lugares del Universo. "Azúcar…!!"
Y esto me hace volver a los viejos papeles que encontré, porque su hallazgo fue como el encontrar azúcar para una hormiga. En ellos esbozaba un libro que en aquél momento pensé llamar ¿Qué pasará con el clima?” Ahora que nuevamente le estoy echando mano, gracias entre otras cosas a que el CONICET no me coarta y por ende no pierdo tanto tiempo en tareas inútiles, trataré de terminarlo antes de que los hechos me obliguen a titularlo “Que pasó con el clima!”
Seguidamente entraré en tema con el mismo prólogo que ya tenía redactado en aquellos apuntes, porque en realidad en el mismo está la verdadera introducción al tema del libro. Amigos lectores: les pido que lean, analicen y critiquen sin piedad. Ese es mi objetivo: movilizar la crítica constructiva, la cual tanto más servirá, cuanto más objetiva sea. Gracias y pese a todo, no olviden de buscar el lado dulce de la vida! …Azúcar…!!
(Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/07/que-pasara-con-el-clima-2.html)
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