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domingo, 25 de julio de 2010

¿QUE PASARÁ CON EL CLIMA? (1)

Nubes desde mi ventana
¿QUE PASARÁ CON EL CLIMA?
(AZÚCAR!!! - A modo de prólogo)
Hace algún tiempo comencé a revolver escritos viejos, de esos que fueron esperando en los cuadernos, superados en su momento por otros papeles a los cuales la perversidad del llamado “sistema científico” de Argentina, impuso la urgencia de ser publicados. Y antes de seguir me veo en la obligación de aclarar que durante veintiún años y cinco días, formé parte de ese “sistema científico”, como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Tardé veintiún años y casi una semana para romper el mandato esquizofrénico que el CONICET y quienes en ese momento detentaban el poder en los estamentos políticos del mismo y en general de los organismos científicos del país, imponían (…no sé si lo seguirán haciendo) a los investigadores que queríamos cumplir con nuestro deber y que por suerte eramos mayoría. En teoría, la obligación tácita y excluyente que tiene el investigador científico (y seguiré hablando en tiempo presente) es la de “buscar la verdad” en su área de estudio y (se supone que) es juzgado académicamente de acuerdo a ello. En la práctica son múltiples y sistemáticas las trabas que surgen del sistema, para coartar el desarrollo de cualquier investigación (o sea, coartar la búsqueda de la verdad).
Considero que hay cinco posibles maneras de resolver ese conflicto. La primera es entrar a formar parte del sistema político científico y convertirse en “ave del mismo plumaje” que la bandada de burócratas de turno, coartando al resto. Ello no solo asegurará la supervivencia en el sistema, sino que garantizará el ascenso en el mismo. También asegurará el manejo de subsidios a discreción, tanto para otorgarlos, como para recibirlos (aunque, obviamente, eso no asegurará la calidad académica de su actuación, puesto que generalmente ocurre todo lo contrario.)
La segunda posibilidad es oponerse abiertamente a las arbitrariedades del sistema y convertirse automáticamente en un francotirador aislado, al cual enseguida se podrá en cuarentena y se le coartarán los medios esenciales para el desarrollo de sus investigaciones.

- “Con ése no hay que meterse, porque es loco!!”, llegaron a decir de mi en la Comisión de Ciencias de la Tierra, etc., del CONCICET, cuando los empecé a cuestionar frontalmente. De todos modos y diluidos en el semi-anonimato que otorga el ser parte de la “bandada”, sistemáticamente me cortaron los víveres de las formas más perversas imaginables.

La tercera posibilidad es la de usar las “zonas grises” del sistema. Aprovechar resquicios y aprovechar también “simpatías” que circunstancialmente puedan acceder a las áreas de decisión. Esto puede ayudar a progresar en las investigaciones durante algún tiempo a quienes lo practiquen. Aunque por un lado conlleva el peligro de caer en la obsecuencia y por otro lado conlleva el peligro de que luego de recibir alguna ayuda, el involucrado se vea obligado a corresponder de alguna manera de las tantas que el mismo pudo cuestionar anteriormente. De este modo, si no se vuela en la bandada, al menos se merodea alrededor de ella tratando de picotear algún resto.
La cuarta posibilidad, la mejor sin dudarlo, es la de lograr pronto un reconocimiento académico Internacional. Eso otorga una "altura de vuelo” que por un lado inmuniza al investigador de las "ruindades de cabotaje" por parte de quienes solo vuelan dentro del “gallinero” local. Por otro lado ello le permitirá obtener financiación desde el exterior para sus investigaciones. La contra que suele tener esta posición, es que muchas veces se puede terminar siendo víctima de las modas científicas internacionales. O lo que es peor: entrando a investigar los temas de moda, difícilmente le quedará margen de acción para investigar aspectos que de algún modo contradigan las hipótesis “fashion”. Eso, a pesar de que el contradecir una hipótesis científica sea una de las herramientas más importantes para demostrar su verdad, o su falsedad.
La quinta y última posibilidad es irse del sistema y eso fue lo que hice. Un día me sentí avergonzado de coexistir en la misma institución que prohijaba a tanto simulador y renuncié. Y digo “a tanto simulador”, porque luego de haber leído “La simulación en la lucha por la vida”, uno de los libros más importantes de José Ingenieros, no se me ocurre otro término para adjetivar a muchos de los miembros de esa institución. Si no fuese porque Ingenieros escribió ese libro durante su juventud, mucho antes de la existencia del CONICET, cualquiera diría que este médico psiquiatra bien pudo haber tomado como modelo a unos cuantos de sus encumbrados miembros.
Me fui. Renuncié. Salvé mi dignidad y recuperé otro tipo de alas para mi libertad de siempre, escribiendo lo que quiero y aquí estoy, rescatando viejas ideas que no por viejas dejan de ser actuales. Azúcar…!!! Como gustaba decir la vieja y gloriosa Celia Cruz, alegrando su vida y la de su entorno.
Hasta en el tratamiento dado a mi renuncia saltó a la vista la perversidad del sistema, surgida de la arbitrariedad de “los del CONICET” (quienes, bien vale aclararlo, se reciclan entre sí casi del mismo modo tautológico como reciclan sus “papers”). Porque mi renuncia fue tratada de inmediato; a punto tal que la elevé con fecha 15 de Mayo y fue aceptada con fecha 17 de Mayo del mismo año. O sea, apenas DOS DIAS DESPUÉS. Resalto esto, porque no es habitual que “los del CONICET” resuelvan cualquier tema de modo tan expeditivo.
A propósito y entre tantas barbaridades de las cuales tengo los papeles a mano y que no es el caso detallar aquí, recuerdo que en Junio de 1993 debía viajar a EUA a fin de participar en un simposio sobre ambientes litorales oceánicos al cual había sido invitado y donde presentaría un par de trabajos. Y presten atención, porque esto no tiene desperdicio. Las normativas del CONICET indicaban que los pedidos de licencias, etc., para estos fines, debían efectuarse con cuatro meses de anticipación. Por tal motivo elevé mi pedido de licencia con goce de haberes a principios de Marzo de ese año.
La Organización de los Estados Americanos (OEA) subsidiaría mi pasaje y los organizadores subsidiarían mi inscripción en el simposio. La fundación Caldenius subsidiaría parte de mis gastos de alojamiento y comida. Por ello, junto al pedido de licencia solicité $ 500 para solventar otra parte de esos gastos (unas “chauchas”, según me expresó uno de los miembros de la comisión asesora del mismo CONICET, referente a mi área de actuación científica).
Hasta aquí, todo bien. Llegó Junio y con Junio llegó la semana de partir, pero en el CONICET no había ni miras de tratarse mi pedido. Probablemente los miembros de la comisión asesora que debía tratar el tema, estaban muy atareados abonando la tierra sus “huertas.” Pocos días antes de la fecha del viaje y preocupado por la falta de tratamiento a mi pedido, hablé con el Presidente de esa comisión asesora (debo aclarar que el mismo y como excepción, es una persona honesta, franca y académicamente positiva. No diré su nombre, pero quien esté dentro del sistema sabrá de quien se trata, con solo atender a las fechas mencionadas y a mi especialidad).
Esta persona me dijo que conocía el pedido y que no vislumbraba ninguna objeción al mismo. Máxime que era muy poco el monto de ayuda pecuniaria que solicitaba, ya que gran parte de los gastos serían subsidiados por otras instituciones. Por tal razón me sugirió que viajase y que a mi regreso seguramente estaría el tema resuelto y se me reintegrarían los gastos.
Viajé y anduvo todo bien, hasta que regresé. Pues “los del CONICET” resolvieron mi pedido recién durante Noviembre. Afortunadamente en Noviembre del mismo año; aunque nueve meses después de efectuado mi pedido (recordemos los DOS DÍAS que tardaron en resolver mi renuncia. Hay quienes dicen que “los del CONICET” estaban escondidos detrás de la puerta, esperando mi renuncia para tratarla). Pero eso no es nada, comparado con la perversidad que el sistema ocultaba en el anonimato de sus pasillos, como ahora contaré.
Un día de Noviembre recibí una notificación diciendo que “los del CONICET” habían resuelto sobre mi pedido realizado en Marzo. Con la nota en la mano fui al Departamento de Subsidios, donde la empleada de turno me leyó la copia en carbónico de la resolución de la comisión asesora respectiva. Allí me enteré que esa comisión me había adjudicado LOS PASAJES en avión (que, vale recalcarlo, importaban un monto muy superior a mi pedido). Nada más.

- “No puede ser! Si yo no pedí pasajes, sino que pedí parte de los viáticos!” le dije asombrado a la empleada con 'cara de poker' que me estaba atendiendo.

- “Ah! No sé! Yo solo le leo lo que dice la copia de la resolución”, me contestó mientras me alcanzaba la misma para que yo la leyese.

Y efectivamente, eso decía: me otorgaban los pasajes, cuando yo no solo había aclarado que de los mismos se haría cargo la Organización de Estados Americanos (OEA), sino que había adjuntado las correspondientes notas de compromiso de la OEA y de los organizadores del simposio. Era obvio que yo no podría presentar los comprobantes de los pasajes ante el CONICET para su reintegro, porque estos ya habían sido presentados cuatro o cinco meses antes, en la rendición de cuentas elevada a la OEA.

- “Que hijos de puta!”, podrá pensar algún apresurado.

Pero no se apresuren, porque hay más, y más perverso aún. Faltaba la cereza del postre. Desde la oficina de Subsidios me fui de raje a la Secretaría de la comisión asesora correspondiente, donde estaba la Secretaria, Marta, una empleada buena y eficiente como pocas, a quien le conté el caso palabra por palabra.

- “No puede ser!.”, dijo Marta y agregó:

- “Recuerdo bien que en la resolución de la comisión se le otorgaron los viáticos. Yo misma la pasé a máquina.” Y acto seguido buscó en los archivos el original de la misma, cuya copia en carbónico yo acababa de leer minutos antes en la otra oficina.

Efectivamente, en el original mecanografiado por Marta constaba que se me otorgaban los viáticos solicitados, aunque en la copia que obraba en el Departamento de Subsidios decía que me otorgaban los pasajes. ¿Qué había pasado en el camino? ¿A quién le importa ya…? El asunto es que si eso no es perversidad, ¿…qué es perversidad?
Pero el caso no termina allí. Todavía hay otro poquito más, que les contaré enseguida y prometo ir enseguida a lo trascendente, porque todo esto ya no es más que anécdota. “Cartón pintado!”, como gustaba decir un Paleontólogo amigo. De hablar con Marta fui al Departamento de Subsidios, ubicado creo que en el piso tercero del edificio, a mostrarle el original de la resolución a la mujer que allí estaba a cargo. Generalmente esas jefaturas son ocupadas por gente con sangre de pato, o con una coraza a prueba de balas, porque son quienes deben poner la cara y en quienes rebota toda la mala leche que se encargan de rezumar sus jefes; los capitostes; “los del CONICET.”

- A ver..? A…mm…pssse! No se que habrá pasado! Pero quédese tranquilo, puesto que ya sea que le hubiesen dado pasajes o viáticos, desde el mes pasado hay una resolución por la cual no se hacen más reintegros. Así que ya fuese una cosa o la otra, no se le reintegrará nada!” Con lo cual y leído entre líneas, quiso decir:

- “¿Pagaste vos? Jodete! Si te alcanzó para volver, ¿De que te quejás?"

Lo triste del caso es que quizá pueda quejarme PORQUE ME ALCANZÓ PARA VOLVER..! Creo que a lo mejor hubiese sido lindo, o al menos interesante, que no me hubiese alcanzado para volver al CONICET..! Pero ya está! Ya pasó. Volví y afortunadamente me dio el cuero para renunciar!! "Azúcar…!!"

Y a propósito de azúcar…!! ¿Se enteraron que hace pocos años (NOTA: escrito en los ´primeros meses de 2004) se encontró azúcar en un lugar insospechado? Tan insospechado el lugar, como enorme la cantidad de azúcar que hay en el mismo. Adivinen dónde… ¿Dónde..? Frío. Frío. Tan frío como el lugar donde está ese azúcar. Y no es en los polos. Los polos son un horno, comparados con la temperatura del lugar donde está el azúcar, en el cual y según los descubridores, la temperatura se encuentra escasamente por encima del cero absoluto.
Si piensan un poquito en qué lugares del Universo hay tanta ausencia de calor, adivinarán: en el espacio intergaláctico! Si señor! De acuerdo a recientes estudios astronómicos, en la constelación de Sagitario y a unos veintiséis mil años luz de la Tierra, hay una nebulosa básicamente constituida por acetil-aldehido, el cual es una forma químicamente muy simple de azúcar.
Tan interesante como esto es que esa forma de azúcar es la base elemental para la formación de ADN y por ende, es la base del código genético y de la vida. Este descubrimiento incentiva el planteo de hipótesis científicas sobre el origen de la vida. Por un lado abona la idea de que las formas más simples de vida sobre la Tierra pudieron haberse generado a partir de moléculas orgánicas elementales, como el caso de este azúcar, provenientes del espacio exterior. Por ejemplo, habiendo llegado en meteoritos y cometas. Además ello potencia las hipótesis que postulan la posible existencia de seres vivos con ADN como base genética, en otros lugares del Universo. "Azúcar…!!"
Y esto me hace volver a los viejos papeles que encontré, porque su hallazgo fue como el encontrar azúcar para una hormiga. En ellos esbozaba un libro que en aquél momento pensé llamar ¿Qué pasará con el clima?” Ahora que nuevamente le estoy echando mano, gracias entre otras cosas a que el CONICET no me coarta y por ende no pierdo tanto tiempo en tareas inútiles, trataré de terminarlo antes de que los hechos me obliguen a titularlo “Que pasó con el clima!”
Seguidamente entraré en tema con el mismo prólogo que ya tenía redactado en aquellos apuntes, porque en realidad en el mismo está la verdadera introducción al tema del libro. Amigos lectores: les pido que lean, analicen y critiquen sin piedad. Ese es mi objetivo: movilizar la crítica constructiva, la cual tanto más servirá, cuanto más objetiva sea. Gracias y pese a todo, no olviden de buscar el lado dulce de la vida! …Azúcar…!!
(Continúa en: http://000-arquimedes.blogspot.com.ar/2010/07/que-pasara-con-el-clima-2.html)
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